Lo que sabemos y lo que falta por saber del SARS-CoV-2 | The Conversation

Ignacio López-Goñi
Catedrático de Microbiología, Universidad de Navarra

Un virus nuevo, para el que no hay inmunidad previa en la población, que se transmite por vía aérea, cuya enfermedad tiene un periodo de unos días en el que el enfermo puede estar presintomático pero contagioso y en la que también hay personas asintomáticas que pueden transmitir la enfermedad es sencillamente la peor pesadilla para un epidemiólogo que intenta controlar una epidemia.

Aunque ya van más de 42 000 artículos sobre COVID-19 y SARS-CoV-2 en PubMed y obviamente no me he leído todos, ni siquiera una pequeña representación, aquí va un breve resumen de diez ideas de lo que sabemos y lo que falta por saber del SARS-CoV-2.

Lo que sabemos

  1. Sabemos quién es Los primeros casos de sida se describieron el 1980 y se tardó dos años en descubrir quién era el agente causante, el virus VIH. Ahora, en solo cuestión de días, se supo quién era: un nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2. La obtención de su genoma completo ha permitido investigar sobre su origen y su relación con otros coronavirus, desarrollar sistemas de detección molecular como la RT-PCR, sistemas de identificación y rastreo como Next-Strain, que permite seguir la evolución del virus a tiempo real, e incluso sistemas de prealerta mediante la monitorización de aguas residuales.Todo esto está permitiendo la detección y rastreo de los nuevos casos y brotes como jamás antes se había hecho en la historia.

    El diagnóstico temprano junto con el rastreo de los casos y la cuarentena de los contactos es lo que nos puede evitar el confinamiento de la población.

  2. Conocemos su ciclo biológico, cómo entran a las células Sabemos cómo el virus SARS-CoV-2 usa la proteína S (spike) de su envoltura para unirse al receptor ACE2 de nuestras células y que las proteasas celulares (la furina y la TMPRSS2) facilitan su entrada al interior. Como ese receptor y esas proteasas están en gran cantidad de tejidos del cuerpo humano, el virus puede infectar muchos tipos de células diferentes: neumocitos, enterocitos, células secretoras nasales, riñón, endotelio, corazón.Esta información ha sido esencial para proponer posibles tratamientos y el desarrollo de los candidatos a vacunas.
  3. La COVID-19 es mucho más que una neumonía Conocemos mucho mejor la enfermedad. Aunque en un principio la COVID-19 se describió como una neumonía atípica grave, a diferencia de muchas otras enfermedades respiratorias este coronavirus genera una hipoxemia silenciosa, priva de oxígeno al paciente sin que la respiración se vea afectada, llegando a saturaciones del 70 %.Además, un número alto de pacientes sufre problemas de coagulación (por afectar a los endotelios) y una respuesta inmune exagerada (tormenta de citoquinas) que acaban en embolias pulmonares, infartos, ictus, problemas hepáticos, de riñón, e incluso alteraciones en el sistema nervioso.

    Además, ahora se tienen mejor identificados los grupos de riesgo: personas mayores, pacientes con comorbilidad, diabéticos, obesos… y se conoce la influencia de factores hormonales y sexo. Esto ha supuesto que los tratamientos, todavía experimentales, y el cuidado de los enfermos hayan mejorado, porque se monitoriza mejor a los pacientes y se entiende mejor la evolución de la enfermedad.

  4. Entendemos mejor la dinámica de transmisión del virus El SARS-CoV-2 se transmite principalmente de persona a persona mediante las gotículas respiratorias, por vía aérea y el contacto físico.La transmisión por gotículas se produce cuando una persona entra en contacto cercano (menos de 1 metro) con un individuo infectado y se expone a las gotículas que este expulsa, por ejemplo, al toser, estornudar o acercarse mucho, lo que da como resultado la entrada del virus por la nariz, la boca o los ojos.

    El virus se puede transmitir también por objetos contaminados (fómites) presentes en el entorno inmediato de la persona infectada.

    Sabemos que los asintomáticos pueden tener la misma carga viral que los sintomáticos y que pueden ser un vector transmisor importante, aunque todavía no sabemos si de igual forma.

    Conocemos también que existen personas y eventos “supercontagiadores”, situaciones en las que el contagio es mucho más fácil: un 10-20% de los infectados que actúan como “supercontagiadores”, en lugares cerrados, concurridos y mal ventilados, con personas muy próximas, y donde se grita, canta, tose o estornuda con frecuencia y sin precauciones.

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